Cada día me sorprende más mi empresa, y es que tiene una gran carencia en cuanto a “jefes” se refiere.
El principal problema es que la mayoría sencillamente ha llegado a esos puestos no por sus logros profesionales sino por los personales…
De esta forma tenemos jefes que sencillamente no saben dirigir, ni mucho menos mandar…lo peor es que los que estamos abajo tenemos que sufrirles o en muchos casos no sufrirles y saber de ellos solo cuando las situaciones son límite.
Seguro que en vuestras compañías os encontráis a menudo con estos elementos, la paciencia es algo que se pierde en seguida, en estos tiempos tenemos que comernos el orgullo y aguantar en la silla, pero si por mi fuera, si por mi fuera…En fin como se dice, todo tiene un San Martin…
Para todos estos “jefes” les aconsejo que piensen que da igual como han llegado a su puesto, pero sólo por el bien de tus empleados, sean profesionales, no es tan difícil, millones lo somos en otros puestos, sólo aplicaros el cuento:
Decálogo del buen jefe
- Fijar objetivos claros y relevantes
- Elogiar el trabajo bien hecho
- Corregir sin humillar
- Saber escuchar
- Dejarse aconsejar
- Ayudar, estimular y, si es necesario, colaborar en el desarrollo del trabajo
- Mostrar cercanía y respeto en el trato personal
- No perder el sentido del humor
- Dar ejemplo: trabajar con la misma calidad que se exige
- Controlar el seguimiento de los encargos
Y de regalo un consejillo de la escuela de negocios IESE:
«Un buen jefe tiene que ser, ante todo, buena persona. Es muy importante que tenga suficiente sensibilidad para conocer la evolución natural de cada colaborador. Los directivos deben asumir las responsabilidades que les han confiado delegando cuando es necesario y dirigiéndoles cuando sea preciso. Además de la competencia a nivel técnico, el jefe debe saber gestionar un equipo de profesionales combinando las dotes de diplomacia con el sentido del humor»